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Más allá de la reforma migratoria

Qué se juega en realidad en la reforma migratoria

De

Más allá de la reforma migratoria

Reforma migratoria: Indocumentados esperan ser deportados

Associated Press/New York Times

Mi abuela solía decir que “cuando no hay pan, todos son gritos.” En medio de los gritos de las organizaciones que abogan por los inmigrantes, de las organizaciones que se oponen a los inmigrantes, de Obama que pide presión para lograr la reforma migratoria y de los republicanos que afirman que no apoyarán este proyecto, lo que en realidad se debate es el miedo.

Según las encuestas, gran parte de los ciudadanos estadounidenses que no están interesados directamente en el tema no apoyan la idea de la reforma migratoria para 2011. El problema, según lo veo, es claro. Con un desempleo constante de casi el 9% en los últimos cuatrimestres, pensar en la incorporación de más de 8 millones de trabajadores indocumentados a la fuerza de trabajo legal mediante este nuevo proyecto disminuye considerablemente las posibilidades de los ciudadanos americanos de conseguir empleo. Y en una crisis económica como la que se vive, esto mete miedo.

De acuerdo a un informe presentado por el Centro de Estudios Migratorios (CIS por sus siglas en inglés) la situación laboral de los trabajadores nacidos en los Estados Unidos y los que son ciudadanos –ambos los nacidos aquí y en el extranjero– sigue siendo negativa en el primer cuatrimestre de 2011, especialmente para los más jóvenes y con menos escolaridad. Este grupo es el que competiría con trabajadores indocumentados que ingresarían a la fuerza de trabajo a través de la reforma migratoria 2011. Como se sabe, los inmigrantes hispanos son generalmente jóvenes y con bajos niveles de educación.

La realidad laboral de los trabajadores latinos

Por otro lado, un informe publicado por el Pew Hispanic Center acordó que después de que los organismos oficiales dieran por “finalizada” la Gran recesión en junio del 2009, los trabajadores nacidos en el extranjero ganaron 656.000 trabajos mientras que los nacidos en el país perdieron 1,2 millones de puestos durante el siguiente año.

Sin embargo, dice el informe, aún cuando los inmigrantes ganaron trabajos en este periodo, recibieron menos paga por los trabajos realizados. Entre 2009 y 2010, el promedio de la paga de los trabajadores extranjeros disminuyó en un 4,5% mientras que el de los nativos sólo disminuyó en un 1%. Los salarios de latinos fueron los que sufrieron mayores bajas respecto de los salarios de todos los otros grupos.

Pero no es la primera vez que ocurre. Ya en 2005, el Pew Hispanic Center informó que los trabajadores hispanos habían ocupado 1 millón de los 2,5 millones de trabajos creados en la economía en el 2004. Pero sus salarios habían bajado y ahora ganaban un 5% menos que dos años atrás.

Diferencias laborales

Hispanos y blancos realizan trabajos muy diferentes en el mercado de trabajo, y esta separación sólo se ha incrementado en los últimos años. Aún en la década de los noventa, cuando los Estados Unidos vivía una época de expansión económica importante, los trabajadores latinos documentados e indocumentados perdían posiciones en el tipo de trabajo que realizaban y en los salarios que recibían.

Es sabido que los trabajadores indocumentados “no le hacen asco” a ningún trabajo. Desde las plantaciones de verduras y frutas hasta los piletones de matanza y devisceración de aves, las minas de extracción de metales y carbón hasta los trabajos en grandes fábricas, trabajando jornadas de 14 horas, a pleno sol o metidos hasta las rodillas en el agua, los trabajadores hispanos no reciben otra compensación más que la de sus horas de trabajo.

¿Quién resiste la reforma migratoria 2011?

La reforma inmigratoria propone igualar a los trabajadores indocumentados con los trabajadores ciudadanos o residentes, que gozan de beneficios y de seguro social, que deben estar inscriptos y por quienes los empleadores son responsables en casos de accidentes de trabajo, pérdida de empleo o enfermedad. La pregunta es, ¿cuántos de estos empleos seguirían en manos de los inmigrantes y cuántos pasarían a los trabajadores nacidos en los Estados Unidos?

Y más, ¿qué costo representa para la industria privada el incorporar a estos 8 millones de trabajadores a una mano de obra regularizada? Las empresas y corporaciones que se han endulzado durante tantos años y que tienen miedo de perder la mano de obra barata y sumisa, ¿estarían dispuestos a afrontar los nuevos requisitos?

No es sorprendente entonces que la reforma migratoria se resista desde varios y diversos sectores. Los sectores políticos que representan a estos intereses seguramente resistirán cualquier intento de reforma por miedo a perder sus votos. Los desempleados ejercerán presión política sobre sus representantes para que estos puestos de trabajo sean liberados por miedo de quedarse fuera de la fuerza laboral por tiempo indeterminado. Y los trabajadores indocumentados seguirán funcionando con miedo en el sub-mundo de una economía ilegal que los emplea pero que no los reconoce. Como también decía mi abuela, “la culpa no es del chancho sino de quién le da de comer.”

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